Mi corazón se ha derramado en hojas de papel...
letras mojadas con agua de mar,
lágrimas de sal y azúcar
que suceden los gozos y las penas.
Un hijo de las sombras es bañado por la luz del sol...
es desordenado, elegante, macabro;
en el escritorio se halla tirado.
Y las ratas cruzan ignorantes a su lado,
hacia la común oscuridad...
¡Gracias, gallinazos!,
por recoger la podredumbre del suelo;
pues al final,
el arte no es para todo el mundo.
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