Se evapora y se escapa.
Se va, pero tú continúas...
¿Ya sabes?
A veces le odio,
a veces lo añoro.
A veces pienso que no somos nada.
Nada y todo, todo y nada.
Y es así como el deseo
se evapora en la yema de mis dedos...
añorando la nada
y aborreciendo el todo.
¡El todo!
Sólo tu piel que me calcina.
Pero si él se marcha,
¿te calcinará la mía?
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