¿Quién eres?
¿Aquella que me vigila al otro lado de la cama?
¿La que acaricia a mi amado con una daga afilada?
¡Qué engañosa se volvió tu piel encenizada!
Esa, por la que tantas veces él pasó sus manos,
memorizando cada uno de sus pliegues...
¿Quién eres?
¿Ese drama de alquiler?
Con pedazos de personalidad hurtados
y algunos tratos maquiavélicos;
"no salgas más con ella",
el fin justifica los medios.
Ya lo sé:
eres quien promete rosas
y entrega capullos de espinas camufladas...
pero él prefiere
recibir lo que parece
que arriesgarse a no obtener lo que acaece.
Descuida... ya le hablé.
No, no le prometí el cielo que no puedo darle;
no tuve, como tú,
el tiempo de repetir premisas falsas
hasta volverlas reales.
Le dije una mentira más astuta:
que lo entendía.
Que se marchara porque al final,
con el tiempo yo también podría convertirme en costumbre.
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