lunes, 11 de octubre de 2010

El último capítulo.

"Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo." -Pablo Neruda, Poema 20.

I
En esta mañana tormentosa
te veo al otro lado del patio
y me digo:
parezco metida en la historia de Sábato.
Sí, parece que te encontraras
en un túnel apartado,
al cual jamás llegan los recuerdos;
sin embargo, la mentira
sí está sentada
en la escalera de entrada
palmeándose las rodillas.
Y te pregunto:
¿Alguna vez quisiste tanto a alguien
que te quisiste menos a ti misma?
No imaginas la rabia que me invade
al sabes que vives con él y no me extrañas...
¡Pero qué ilusa!
Si te volvió su espejo
y ahora eres igual de arrogante.
No pudiste tragarte tu orgullo
cuando lloré y conté que mi madre tenía cáncer,
seguramente te autoafirmaste:
-Debe ser otro de sus males
de amores.

II
Recuerdo cuando éramos hermanas,
o más bien, cuando tenías por sombra
a la que apenas comienzan a llamar Laura;
te fascinaba pavonearte
mientras yo trataba de alcanzarte,
tan sólo era tu imitación barata.
También me diste el título
de mi libro de poesía
-el cual cambié
después de un tiempo-,
comenzaste a rimar porque yo lo hacía,
y como siempre tú tenías
los mejores versos.
Eso, mi evasiva amiga,
era lo que yo llamaba:
"mis mejores tiempos".

III
Me sorprende ver
que te debo lo que soy,
no conoces la desolación
que produce no sentir algo propio.
Escribimos juntas
nuestras primeras historias,
mientras construía mi casa de sueños
al lado de la prosopopeya de la realidad;
y justo ahora no creo
que musas tan falsas una vez
llegaron a salir de mi tintero.
Compartimos una supuesta alegría,
con victorias más tuyas que mías:
concursos de oratoria,
cuenteros, mejor lector...
no te importaba,
en tanto la segunda fuera yo,
así podríamos comernos el mundo juntas.
Pero nunca imaginaste
qué pasaría si yo llegara a faltarte.

IV
Comenzó con una leve brisa,
con gotas ácidas
que me punzaban la cara...
Empezaste a ver a otras personas,
olvidándote de tu parte oscura
(aunque si me lo preguntas,
para mi el fucsia
significa oscuridad).
Me metiste en el alma
tu estilo esquizoide,
tu ridículo concepto de:
"No, no es mi naturaleza,
yo no ruego";
me rayaste el cerebro
con aquello de que es mejor
que la efusividad, la depresión,
porque dando lástima
es que se escribe bien.
¡Lástima!
Es lo que le producía a él,
¿no lo recuerdas?
(...) Y nunca importó nada,
porque en la amistad "siempre sería la primera",
eso me asegurabas.
Y cuando me enfadaba
por sentirme reemplazada
por una bonita envoltura,
era yo quien debía pedir disculpas
por tener cosas tontas en la cabeza,
Sin embargo, mi corazón es débil
y yo soportaba impaciente
tus duros golpes, de esos que hieren;
te quería, aunque fueras mi propia muerte.

V
Luego apareció Eros, el caronte,
y lo pongo en el Hades porque
parece haberte asesinado
y puesto en tu lugar a otra.
Ella ya no es parte de mí.
Porque te llamaba mi complemento,
eras el yang que le faltaba a mi yin,
pero es una gran tragedia
que una promesa de esas
ahora vague en los confines del mar
de las sonrisas quebradas,
los sueños frustrados
y las realidades vanas.
Al principio, creí que él
era tu felicidad;
tenías ganas de vivir, luchabas,
te sentías completa,
mutó el color de tu aura...
pero pasado el tiempo,
cual dementor absorbió tu alma.
"Allá ella", me decía a mí misma,
"yo estoy bien si está contenta".
Aunque él no tardó en deshacerse de mí,
claro, con tu consentimiento,
porque no te pusiste de mi parte, por supuesto.
Es él quien es el amor de tu vida.

VI
Y una mañana me solté sin más.
¿Acaso un reflejo no es capaz?
Ya ves, ya no estoy ahí,
no lo estaría por siempre
y lo sabías,
aunque no se me de
esto de promesas romper.
E indignada estabas
pues ya no tenías quien llevara la cola
de tu vestido de novia,
te ofendías
porque a él toda la culpa atribuía...
¡cuánta razón tenías!
Era muy injusta al no pensar
que también compartías
la responsabilidad,
como todo lo tuyo con él.
Esa brisa pronto se convirtió
en una tormenta ácida,
a huir me vi obligada
pues no estaba dispuesta
a corroerme por la nostalgia.

VII
Ahora que ya
nadie da razón de mí,
de tu vida desaparecí
y sé que estás atrapada
en una utopía estoica
de amor subversivo,
y no puedo evitar alegrarme
por razón haber tenido,
aunque a veces estén
los molestos recuerdos
asomándose por mis ventanas del alma.
Cuando decidas mirar atrás
no olvides a quién le debes todo esto,
pues puedes enorgullecerte de tener personalidad propia,
pero si algo aprendí de ti
es que para salir a la superficie
debes hundir a alguien más.

"Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo." -Pablo Neruda, Poema 20.

2 comentarios:

  1. heyy amo esto! laura dame tu autografo! ;)

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  2. OMG !! JAJA LAURA QUE ESCRITO TAN GENIAL...AUNQUE MUCHAS PARTES ME PONEN A PENSAR...Y A QUIEN SE LO DIRIGIAS ? PERO BUENO ESTA GENIAL GENIAL GENIAL !! JEJE TE FELICITO ...

    [...] Que para salir a la superficie debes que hundir a alguien mas [...] -> Wow

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