LAS DESPEDIDAS SON MÁS DOLOROSAS CUANDO NO SE DICE ADIÓS.
¡Oh, niño terco!
Cuándo aprenderás...
Casi siempre sólo te interesa jugar
y tu atención es débil;
no olvides tus zapatos,
pues pronto deberás marchar.
¡Mírame a los ojos!
Debo despedirme ya.
Es cierto,
olvidas lo que siento...
es cierto,
no escuchas lo que pienso.
Tal vez no pueda decirte adiós,
no vas a entenderlo...
...Porque aún no entiendes,
un silencio no comprendes,
ignoras al mundo y
en tus juegos te escondes;
de mí nada conoces.
Por eso no puedo decirte adiós.
No me oirás,
hasta que no asimiles que un "dejémoslo"
significa "insiste un poco más".
Entonces, ¡hasta luego!
Aunque lamentablemente en mi corazón
sea "hasta la eternidad".
No hay comentarios:
Publicar un comentario