
Letras, letras y más letras.
Como es lógico me refugiaré en ellas
porque sí permiten amarlas.
Porque a veces, las dosis de ti no me alcanzan,
y he querido
alejarme del vicio...
pero tus caricias
son estrategas de gran talento.
Entonces me siento a pensar en el futuro
mientras me bebo un té de recuerdos,
porque no sirvo para admitir premisas que te agraden
ni para ser aquella dama
que separa la osadía de la delicadeza;
pero no son tus gustos lo que me interesa:
son tus manos, tu piel, tu cara, tus palabras...
no necesitarías más para volar conmigo.
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