Y tú sigues siendo
aquel poema nunca escrito,
rodeado de quimeras insondables
y de paraísos perdidos.
De besos nunca entregados,
de deseos nunca expresados...
de gritos mudos
y gemidos amargos.
Y reposas en las fotos de mi memoria
como perpetuo castigo,
y en mi cabeza
los campanazos repiquetean...
porque quiero amarte
y a ti aferrarme,
a ver si a mí misma me devuelvo,
a ver si menos amarga me siento.
Pero tu nombre recuerdo
y entonces todo lo comprendo...
te llamas olvido
y no encajas con una mujer hecha de recuerdos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario