Es tarde.
Nuevamente tarde.
Siempre tarde.
Tarde para leer
y en más de mil letras solo captar
las que componen tu nombre.
Tarde para cambiar vidas,
transformar costumbres,
vestirse y salir de prisa.
Tarde
para dedicatorias sin alcance.
Es pronto.
Pronto para un choque eléctrico
a un par de corazones sanos.
Pronto para connotar una aventura suicida.
Pronto para sentir frío
cuando todo es cálido,
pronto para la necesidad
en medio de la abundancia.
Pero sigue siendo tarde...
tarde para irrumpir
tarde para sentir
tarde para definir.
Siempre el momento equivocado.
martes, 21 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
Marzo
No te amo porque seas atractivo
No te amo porque me hagas reír
No te amo porque me encante tocarte
No te amo porque parezca que tu cuerpo está hecho para mí.
No te amo porque quieras lo que yo quiero en la vida
No te amo porque quiera contigo compartirla
No te amo porque ame encontrarme con tu rostro como lo primero que veo al despertar.
No te amo porque a pesar del tiempo, nuestra historia sobrevive.
Te amo porque eres mío, mi hombre,
y sin más remedio,
ya llevo tu nombre
tatuado en mi piel por todas partes.
No te amo porque me hagas reír
No te amo porque me encante tocarte
No te amo porque parezca que tu cuerpo está hecho para mí.
No te amo porque quieras lo que yo quiero en la vida
No te amo porque quiera contigo compartirla
No te amo porque ame encontrarme con tu rostro como lo primero que veo al despertar.
No te amo porque a pesar del tiempo, nuestra historia sobrevive.
Te amo porque eres mío, mi hombre,
y sin más remedio,
ya llevo tu nombre
tatuado en mi piel por todas partes.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Gente diminuta
Vengo a hablarles de la gente diminuta.
Dicen que solo funciona el lado derecho de su cerebro,
que sus gustos son disímiles
y es difícil hacerlos notar que hablan lento.
En la mirada de la gente diminuta solo brilla el ojo izquierdo.
Diminuta es la acción que describía Nietzsche
de aquellos que no pueden aflojar sus cadenas
y sin embargo, pueden liberar a sus amigos.
La gente diminuta tiene corto alcance
si se lanza desde una catapulta,
pero puede caer en un campo fértil
y quedarse cultivándolo todo el día.
Hay grandes cantidades de gente diminuta:
es gente muy común que comparten la cualidad de saberse únicos.
Sus pensamientos son cósmicos
y ascienden como titán golpeando las diminutas gargantas,
y cuando sus diminutas cuerdas vocales son aporreadas
por el ímpetu de no cometer ningún error,
las palabras salen diminutas de sus bocas, a veces, a borbotones.
La gente diminuta está permamentemente intoxicada
pero con elementos no tóxicos:
demasiado amor,
demasiada esperanza
y unas ansias desaforadas
de ayudar a la gente grande que no necesita ayuda.
Con todo, la gente diminuta no siempre es diminuta.
Crecen exponencialmente con las adulaciones.
Sus pasos hacen retumbar la tierra cuando
logran acariciar el infinito.
Cuando se juntan entre diminutos
a profesar una especie de religión basada en el juicio.
Por otro lados, los números los vuelven realmente diminutos:
las cifras, las finanzas, la forma normal de la gente grande de ver el mundo.
Se achican proporcionalmente cuando las palabras diminutas
solamente tienen el impacto de una gota de agua
en las rodillas de la gente grande.
¡Es tan inevitable sentirse diminuto!
Tan inevitable como sentirse infinito.
Dicen que solo funciona el lado derecho de su cerebro,
que sus gustos son disímiles
y es difícil hacerlos notar que hablan lento.
En la mirada de la gente diminuta solo brilla el ojo izquierdo.
Diminuta es la acción que describía Nietzsche
de aquellos que no pueden aflojar sus cadenas
y sin embargo, pueden liberar a sus amigos.
La gente diminuta tiene corto alcance
si se lanza desde una catapulta,
pero puede caer en un campo fértil
y quedarse cultivándolo todo el día.
Hay grandes cantidades de gente diminuta:
es gente muy común que comparten la cualidad de saberse únicos.
Sus pensamientos son cósmicos
y ascienden como titán golpeando las diminutas gargantas,
y cuando sus diminutas cuerdas vocales son aporreadas
por el ímpetu de no cometer ningún error,
las palabras salen diminutas de sus bocas, a veces, a borbotones.
La gente diminuta está permamentemente intoxicada
pero con elementos no tóxicos:
demasiado amor,
demasiada esperanza
y unas ansias desaforadas
de ayudar a la gente grande que no necesita ayuda.
Con todo, la gente diminuta no siempre es diminuta.
Crecen exponencialmente con las adulaciones.
Sus pasos hacen retumbar la tierra cuando
logran acariciar el infinito.
Cuando se juntan entre diminutos
a profesar una especie de religión basada en el juicio.
Por otro lados, los números los vuelven realmente diminutos:
las cifras, las finanzas, la forma normal de la gente grande de ver el mundo.
Se achican proporcionalmente cuando las palabras diminutas
solamente tienen el impacto de una gota de agua
en las rodillas de la gente grande.
¡Es tan inevitable sentirse diminuto!
Tan inevitable como sentirse infinito.
martes, 27 de mayo de 2014
Carta abandonada en el Metro de Medellín
Todas las personas llevan al menos una piedra en su zapato, así sea de las pequeñitas, esas que hacen que te querás quitar el tenis y la media justo el día en el que no te echaste talco.
Las piedras en el zapato también son simbólicas, por supuesto; por muy contento que esté uno en la vida siempre tiene que morder el pedazo de fideo donde está el comino del Triguisar que lo sazonó. Y entonces la boca queda sabiendo a limbo, al vacío que uno no es capaz de sostener porque no tiene de dónde agarrarlo.
Ese vacío entra sin tocar la puerta, cuando uno es pintor de una casa y no consigue el tono de blanco que quería el patrón, cuando uno tiene que comer callado delante del jefe porque se equivocó en un balance contable, cuando sos puta y esta semana te dio una infección vaginal, y lo del mes no va a alcanzar entonces para la mantequilla Rama y hay que comprar de otra marca más barata; cuando personas como yo empezamos a escribir una carta y no funciona.
Querido, apreciado, para vos, a vos, porque me importás, buenos días. Ninguno. Todos esos saludos suenan horrible, incluso la rasgadura del papel al escribirlos. Porque alguien más los dijo y toda la humanidad se ha pasado su historia escribiendo cartas. Me pregunto si algún día esto llegará a pasar con los correos electrónicos. Hola, buenos días, te envío adjunta la consignación, dtb, tqm. Algunos son saludos sin vocales y otros sin alma.
Y a vos, ¿qué te va a importar lo que yo creo de los correos electrónicos? Seguro solo te importa que te salude de una vez por todas y te diga qué carajos hago escribiéndote. Te escribo, no sé hacer otra cosa. No quiero hablar porque cuando uno habla con una persona puede recibir una cachetada con indiferencia, hasta por teléfono. “Estoy ocupado, ahorita te marco”, “espere después del tono, su llamada es muy importante para nosotros, pronto la atenderemos”, ¿te acordás, te suena?
Las cosas que uno quiere nunca llegan pronto. Las papitas a la francesa, para comer ebrio y pasar la borrachera afuera del lugar donde todo el mundo parece pasarla bien, o al menos se olvida de que la vida revienta tanto. Un buen polvo. El reclamo de la jubilación que esperaré eternamente. O la puta llamada que te ayude a restablecer el Wi Fi.
¿Por qué me desvío tanto? Porque no te quiero admitir que lo que a mí me revienta es no saber qué piensa la gente. Por eso cuando escribo una carta siempre pienso en qué pasará por la mente de mi destinatario cuando sus ojos se muevan de un lado a otro. Porque quiero pensar lo mismo, quiero que las cosas que yo diga lleguen a alguna parte, quiero morder el mismo pedazo de fideo, quiero tener la misma piedra, quiero encajar en alguna parte.
O decime vos, si no pensás en qué piensa tu marido cada que te ve clavada en la mesa de aplanchar, usando los chores del resorte dañado y sudando mares para que todo se vea perfectamente estirado ante los demás. ¿No pensás en lo que piensa tu mujer cuando te pide plata justo en el momento de la noche cuando querés olvidar por un segundo que eso es lo que necesitás hasta pa’ respirar?
Yo no creo que no pensés en qué piensan las personas de este vagón, a las cuatro y media de la tarde, recibiendo el poniente no adhesivo, pero desesperante, como una nube de moscas parecida a la que tenés en la cabeza con nombres propios y vida propia: “servicios”, “arriendo”, “tareas”, “peleas”, “el predial”, “no tengo plata”, “o soy tan pobre que lo único en lo que pienso en esta vida es plata”, que parecen flotar en el aire en el momento del día donde uno se quiere morir por un ratico.
Tampoco creo que cada persona no haya pensado en morirse al menos una vez. ¿Entonces por qué siento la necesidad de que me respondan este mensaje, si sé eso? No es que tenga ganas de morirme. Es que tengo ganas de no estar rota en una ciudad donde todo el mundo parece estar debidamente cosido. Tengo ganas de no decir que las cosas me revientan, cuando para mí reventarme es dividirme en dos, tres o cuatro simétricos pedazos, mientras hay gente que se revienta en mil y muchas veces no es capaz de volver a pegarse.
¿Dos, tres o cuatro también contarán para ser persona, para no pasar inadvertido? Pido mucho; uno no es sujeto cuando ya va llegando la hora pico y el vagón se ve como una lata de embutidos. Hagamos una cosa pa’ salir de esto fácil y liberarte de que sigás leyendo retahílas sin mucho sentido: si te sentís como yo a veces, solamente pegá un grito.
lunes, 31 de marzo de 2014
La siguiente excusa.
Tan solo soy un corazón atolondrado,
que anda por ahí como titán desbocado,
tan atolondrado que se usa
a sí mismo de excusa.
Maldad, fatalidad, víceras y razón…
no conozco su significado total
aunque pretenda ser de verdad
aunque pretenda suprimir a ese corazón.
¡No soy puro corazón…!
Los corazones tienen arrugas, pero no estrías.
Son ovaladamente pulidos,
no conocen de pliegues ni huecos no metafóricos.
Los corazones no fingen,
no se consuelan ellos mismos,
a ellos les importa encajar y lo hacen a la perfección.
Por eso no puedo ser solo un corazón.
Pero tampoco tengo tripas ni razón.
No tengo tripas porque siento miedo
se me erizan los vellos, se me quiebra la voz
y tiemblo ante la negación…
no duro en una convicción
-quizá lo logre diez minutos, un día, unos cuantos meses…
pero siendo convicciones no deberían evaporarse
entre las yemas de mis dedos tan fácil-
y tengo un andar bastante torpe.
Mis propios nervios me ponen zancadilla.
¿Seré yo un corazón?
¡No, no puedo serlo!
Tampoco soy un cerebro.
No soy razón ni razones,
pues cuando fui razón de otros corazones
mis fibras quedaron esparcidas por toda la puta ciudad
donde matan a pobres corazones, como contaba Páez.
Mi razón no puede ser la razón, pues mi razón no entiende
que su razón debo ser yo misma
y no pretender ser otra
para que vuelva el otro que otrora estuvo.
Ese otro ya no existe y es mejor que esa otra que antes era
yo, no exista.
Cerebro: anotado. Tripas: anotadas. Corazón: anotado.
Los tres atolondrados.
¿Todos tres atolondrados?
Y a veces soy otra que ya no existe.
El cerebro, las tripas y el corazón forman un ser humano,
uno que a veces explota por mala combinación.
Entonces explota y ya no existe.
Ya no existo…
he ahí la siguiente excusa, pero ¿he de rehacerme otra vez?
domingo, 1 de diciembre de 2013
Prefiero
...prefiero verte envuelto
en esa bruma pegajosa
que pixela mis sentimientos
y pone mi amor borroso
¿Amor?
Prefiero no llamarte amor
y sujetar los pocos buenos recuerdos
Definitivamente prefiero
amar al niño que cuidaba
y no al cerdo
Prefiero permanecer en la posición de un anhelo
nacido del arrepentimiento
y dejar que corran los dos ríos que nunca debieron cruzarse.
Debería dejar que te quedés lejos
donde tu olor no me toca
y mi voz no te llama,
"quedate en la nada que me sabe más rica que el desamor".
en esa bruma pegajosa
que pixela mis sentimientos
y pone mi amor borroso
¿Amor?
Prefiero no llamarte amor
y sujetar los pocos buenos recuerdos
Definitivamente prefiero
amar al niño que cuidaba
y no al cerdo
Prefiero permanecer en la posición de un anhelo
nacido del arrepentimiento
y dejar que corran los dos ríos que nunca debieron cruzarse.
Debería dejar que te quedés lejos
donde tu olor no me toca
y mi voz no te llama,
"quedate en la nada que me sabe más rica que el desamor".
jueves, 17 de octubre de 2013
3 de agosto
Cerrar los ojos fuertemente
y cruzar las piernas
para contener el deseo de gritar tu nombre a cientos de kilómetros.
Cepillarme los dientes con ahínco
para que la gingivitis remplace
la sangre con la que acababan los mordiscos de tus besos,
e ir a acostarme,
a reposar en una cama tan diferente a tu cuerpo,
en la que se hunde mi figura
y no se rebela contra mi histrionismo.
La cuestión es la impotencia de extrañar unidireccionalmente,
dejando que los recuerdos se cuelen por las cavilaciones más nimias
y la mente se pudra con el dramatismo de la ausencia.
A veces la minúscula motosierra
que parece ser mi voluntad
toma tu foto y le pinta un gran bigote y diente chueco,
se burla de tus canciones, tus juegos y tus planes;
mas no ha podido cercenar ese último abrazo
y lo melifluo que fue dormir con vos al menos una hora...
ese beso que enviaste hacia la puerta del taxi en el que partí,
que se quedó flotando en una calle del centro.
Como ese beso, hoy estoy flotando yo,
oscilando entre un futuro brillante donde no estás vos
y el fracaso de completarme con mis sueños rotos recién pegados.
Y cada nueva noche seguiré soñando
a ver si la brecha se acorta con los años,
pero siempre con las piernas cruzadas y los ojos cerrados.
para contener el deseo de gritar tu nombre a cientos de kilómetros.
Cepillarme los dientes con ahínco
para que la gingivitis remplace
la sangre con la que acababan los mordiscos de tus besos,
e ir a acostarme,
a reposar en una cama tan diferente a tu cuerpo,
en la que se hunde mi figura
y no se rebela contra mi histrionismo.
La cuestión es la impotencia de extrañar unidireccionalmente,
dejando que los recuerdos se cuelen por las cavilaciones más nimias
y la mente se pudra con el dramatismo de la ausencia.
A veces la minúscula motosierra
que parece ser mi voluntad
toma tu foto y le pinta un gran bigote y diente chueco,
se burla de tus canciones, tus juegos y tus planes;
mas no ha podido cercenar ese último abrazo
y lo melifluo que fue dormir con vos al menos una hora...
ese beso que enviaste hacia la puerta del taxi en el que partí,
que se quedó flotando en una calle del centro.
Como ese beso, hoy estoy flotando yo,
oscilando entre un futuro brillante donde no estás vos
y el fracaso de completarme con mis sueños rotos recién pegados.
Y cada nueva noche seguiré soñando
a ver si la brecha se acorta con los años,
pero siempre con las piernas cruzadas y los ojos cerrados.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Y sé muy bien que no estarás
"Y algún día dejaré de enojarme, amor mío, sin que sea por ti, y compraré bombones... para mí. Me pararé en la esquina en la que seguro has estado sin mí, y no diré las palabras que se dicen y no comeré las cosas que se comen y no soñaré las cosas que se sueñan y sé muy bien que no me importará tu ausencia".
lunes, 26 de agosto de 2013
Promesa
Haberte dicho en medio de fósforos y lágrimas
que siempre iba a acordarme de vos
fue lanzar ante el humo del cigarro
esa "sentencia de amor condenatoria".
No era tan sencillo como botar mi camisa al suelo
en medio del frenesí
-o la calma, los martes-
y dejar que se llenase de los pelos de tu perro.
No era tan sencillo como mentirle a mi madre
acerca de mis actividades diarias.
No era tan sencillo como romper la promesa
de no volver a buscarte.
Pero no volví,
no volví,
no he vuelto.
Ni siquiera he vuelto en mí,
todavía salto entre tus cabellos largos,
los que siempre idealicé.
Todavía me veo acariciándote el pecho paradisíaco,
para que se calmara la rinitis
y dejaras de estar agitado.
Todavía me imagino besando
tus mejillas agrietadas,
soplándote para correr el sudor de tus sienes,
queriéndote decir con gritos ahogados que te amaba.
Pero un día me prometí que no se ama en poco tiempo
y que el amor es cuestión de naturaleza,
no de conexiones mágicas absurdas.
Y como adiós solo me lanzaste un beso,
que se quedó flotando en los primeros tres centímetros
que respiro
y que al suspirar siempre saboreo,
y que por él no me puedo acordar de las últimas palabras que me dijiste.
Y por no acordarme y romper la sentencia,
nació la promesa de no buscarte de nuevo.
que siempre iba a acordarme de vos
fue lanzar ante el humo del cigarro
esa "sentencia de amor condenatoria".
No era tan sencillo como botar mi camisa al suelo
en medio del frenesí
-o la calma, los martes-
y dejar que se llenase de los pelos de tu perro.
No era tan sencillo como mentirle a mi madre
acerca de mis actividades diarias.
No era tan sencillo como romper la promesa
de no volver a buscarte.
Pero no volví,
no volví,
no he vuelto.
Ni siquiera he vuelto en mí,
todavía salto entre tus cabellos largos,
los que siempre idealicé.
Todavía me veo acariciándote el pecho paradisíaco,
para que se calmara la rinitis
y dejaras de estar agitado.
Todavía me imagino besando
tus mejillas agrietadas,
soplándote para correr el sudor de tus sienes,
queriéndote decir con gritos ahogados que te amaba.
Pero un día me prometí que no se ama en poco tiempo
y que el amor es cuestión de naturaleza,
no de conexiones mágicas absurdas.
Y como adiós solo me lanzaste un beso,
que se quedó flotando en los primeros tres centímetros
que respiro
y que al suspirar siempre saboreo,
y que por él no me puedo acordar de las últimas palabras que me dijiste.
Y por no acordarme y romper la sentencia,
nació la promesa de no buscarte de nuevo.
Hoy es siempre todavía, por y para vos, S.C.B.
lunes, 8 de julio de 2013
Si pudiera elegir no quererte...
Si pudiera elegir no haberte conocido
no conocería la delicia de perder fobias absurdas.
Si pudiera elegir no haber tocado tus labios
me importaría el mundo que alrededor de mí se alza.
Si pudiera elegir no haberme equivocado
no serían tan intensos mis besos,
esos que hoy te regalo con la esperanza de una huella impresa.
Si pudiera elegir no jugar
dejarías de ser mi no historia más bella
y todas las noches de abrazos negras
se escurrirían por mi espalda.
Si pudiera elegir no gustarte
no tendría la necesidad de corresponder los te amo que se escapan
por las ventanas del primer orgasmo.
Si pudiera elegir relevancia
llenaría mi pared de etiquetas a modo de venganza,
pero dejaría al amor agotarse en palabras.
Si pudiera elegir no quererte...
me largaría de este país sin remordimiento alguno;
aún voy a irme,
de mis días
de tu vida
pero si pudiera elegir
conmigo te llevaría.
no conocería la delicia de perder fobias absurdas.
Si pudiera elegir no haber tocado tus labios
me importaría el mundo que alrededor de mí se alza.
Si pudiera elegir no haberme equivocado
no serían tan intensos mis besos,
esos que hoy te regalo con la esperanza de una huella impresa.
Si pudiera elegir no jugar
dejarías de ser mi no historia más bella
y todas las noches de abrazos negras
se escurrirían por mi espalda.
Si pudiera elegir no gustarte
no tendría la necesidad de corresponder los te amo que se escapan
por las ventanas del primer orgasmo.
Si pudiera elegir relevancia
llenaría mi pared de etiquetas a modo de venganza,
pero dejaría al amor agotarse en palabras.
Si pudiera elegir no quererte...
me largaría de este país sin remordimiento alguno;
aún voy a irme,
de mis días
de tu vida
pero si pudiera elegir
conmigo te llevaría.
viernes, 26 de abril de 2013
Adiós, Pelirroja
Casi siempre me detengo
a observar ese cabello
en el que tantas veces quise enredarme,
ese que se pone opaco con el sudor,
las penas
y el caramelo de tu pensamiento ingenuo.
Pero es rojo,
como el carmín que le untás a tus labios
y esas cosas te hacen una mujer fatal.
Un corazón límpido
que quisiera ensuciarse por sí mismo.
De vos me despido,
pelirroja despintada,
ya no vale seguir en la ruleta
donde se juega el amor y la nada,
y la nada allí es todo
y el amor... pura mierda.
Como tu actitud falsa.
Como tus dramas
que me reafirman recuerdos prefabricados de convicción.
Sé que si lo pido,
no te marchás...
pero en cambio, te dejo ir
para que los celos pasen a otra,
para que la envidia comience a alimentar las raíces de los árboles
y par que las desgracias se vayan a inspirar
a los estudiantes febriles de Literatura.
Las desdichas deben ser ajenas,
más para uno que no es escritor.
¡Adiós, Pelirroja!
miércoles, 3 de abril de 2013
¿Cómo decirlo?
¿Cómo frenar el ímpetu de la palabra "basta"?
Cómo ocultar mi deseo
de emancipación absurda,
cuando alivianás los pesos de mis dudas
y de esa obsesión que aún no olvido.
Cómo negarle la magia a un último encuentro,
el último con sabor al mañana que se alarga
como se alargan los besos cuando la vida real acosa palmeando el vidrio.
Cómo admitir que lo peor de estar con vos es estar sin vos
y odiar la distancia
el tiempo
la conexión prohibida
la palabra equivocada.
Cómo afirmar un cariño amorfo que me empuja
hacia atrás.
Pero fuiste ese paso atrás que siempre quise dar
porque valía la risa y no la pena
porque siempre pronunciaba "adiós" cuando pensaba en "quedate",
y cuando dije quedate, desapareciste.
¿Cómo desapareciste?,
si sos el hombre más relativo del mundo...
mas el problema fue
acostumbrarme a que vendrías
a los besos que nunca quise dar desde el principio.
¿Cómo puedo hablar?
Si hasta callando demuestro
que sos el problema que quisiera tener siempre conmigo.
sábado, 30 de marzo de 2013
Inherente
Soy aquel fantasma que te visita por las noches,
buscando deshacer los pasos.
Desdibujar cada beso que te di,
extinguir la ira que me roe las entrañas.
Qué agridulce es observarte de lejos
y poder declarar que todo acabó.
Que parezco navegar en un eterno
sueño muerto
donde las posibilidades obsoletas
son mi único ancla.
Ya la ironía se acuesta a mi lado
y me tiene escribiéndote de nuevo,
depositando mis palabras
en el oído de un costal de huesos,
mientras mi mirada vacía
sigue esperando esos ojos infinitos.
La obsesión cobra un peaje caro,
yo solo le pido al Cielo
-si es que para mi existe alguno-
que un día se salde mi deuda
y deje de exhumar los restos de mis convicciones
para mantener esta absurda barca a flote.
Levanto la bandera de auxilio
pero se parece más a la de piratería,
saquearía cualquier recoveco del universo
a cambio de un poco de paz.
Pero mi paz ya duerme a tu lado,
ese fue mi regalo de Navidad.
Es ella a quien vigilo por las noches,
Es la razón por la que te visito.
Por ella dejo encender de nuevo mis entrañas,
por ella beso acalorada las sobras de tu sombra.
Y vuelvo a sentir la bilis subiendo por mi garganta
y con ella, las náuseas.
Las ganas de chupar y escupir el veneno...
pero es lo poco de ti que me queda.
Espérame entonces,
cada vez que sople el viento
recogeré otra dosis.
buscando deshacer los pasos.
Desdibujar cada beso que te di,
extinguir la ira que me roe las entrañas.
Qué agridulce es observarte de lejos
y poder declarar que todo acabó.
Que parezco navegar en un eterno
sueño muerto
donde las posibilidades obsoletas
son mi único ancla.
Ya la ironía se acuesta a mi lado
y me tiene escribiéndote de nuevo,
depositando mis palabras
en el oído de un costal de huesos,
mientras mi mirada vacía
sigue esperando esos ojos infinitos.
La obsesión cobra un peaje caro,
yo solo le pido al Cielo
-si es que para mi existe alguno-
que un día se salde mi deuda
y deje de exhumar los restos de mis convicciones
para mantener esta absurda barca a flote.
Levanto la bandera de auxilio
pero se parece más a la de piratería,
saquearía cualquier recoveco del universo
a cambio de un poco de paz.
Pero mi paz ya duerme a tu lado,
ese fue mi regalo de Navidad.
Es ella a quien vigilo por las noches,
Es la razón por la que te visito.
Por ella dejo encender de nuevo mis entrañas,
por ella beso acalorada las sobras de tu sombra.
Y vuelvo a sentir la bilis subiendo por mi garganta
y con ella, las náuseas.
Las ganas de chupar y escupir el veneno...
pero es lo poco de ti que me queda.
Espérame entonces,
cada vez que sople el viento
recogeré otra dosis.
jueves, 14 de febrero de 2013
Efraím Medina.
"Una Mujer Posible" - Efraim Medina Reyes
No sé quien eres y estás en mí como las uñas que se aferran y crecen desde mi carne. Cada cierto tiempo las corto con indiferencia, pero si intentara arrancarlas el dolor sería insoportable. También la idea de que existas se pierde a veces en los laberintos de mi mente y luego, como las uñas en mis dedos, me impone de nuevo su presencia. ¿Debería llamarte amor? A fin de cuentas eres abstracta, sin peso alguno en mi realidad. No perteneces a lo sucesivo y, sin embargo, le das forma a mis sensaciones. Imagino tus pasos, el olor de tu cuerpo desnudo en la penumbra perfuma mi silencio. Me tiendo en el vacío y siento como este brusco sentimiento me invade. Tu voz vibra como un lejano diapasón en la noche invisible. Es como si estuvieras grabadas en mis ensoñaciones y delirios, suspendida en una dimensión sin horas ni testigos. Te pienso y te extraño, encuentro tu ser a medianoche y me fundo en ti. Mi carne se hunde lentamente en la tuya y no hay límite ni frontera. Mis palabras acarician las tuyas. Somos tu y yo un sortilegio que atraviesa la realidad. No importa tu nombre, sé de memoria el color de tus ojos. Mi vida no incide en tu vida. Tu vida es gris, tienes un nombre y un oficio, tienes un hombrecito y él tiene un nombre y un oficio. Tienen su previsible amor y el deseo que se ha ido destiñendo y ahora es más obligación que placer, más costumbre que ganas. Tienen sus cuentas pendientes, sus discusiones, sus crisis, sus listas, pedos y mentiras. En la cama, aburrida, intentas conciliar el sueño. Tu perfecta vida es breve e insípida. Tiemblas al sentir que rozo tu cuello, que penetro tu ansiedad. Soy el sueño prohibido. Mis manos aferran tu carne, tus piernas se abren, me adentro en tu cuerpo y tu mente, mis labios te queman, mi lengua se hunde en tu culo, de tu boca entreabierta escapan quejidos. Tu hombrecillo ronca como una estúpida, risueña y pesada nada.
Qué triste que otra persona ya haya pensado antes lo que siento por vos.
No sé quien eres y estás en mí como las uñas que se aferran y crecen desde mi carne. Cada cierto tiempo las corto con indiferencia, pero si intentara arrancarlas el dolor sería insoportable. También la idea de que existas se pierde a veces en los laberintos de mi mente y luego, como las uñas en mis dedos, me impone de nuevo su presencia. ¿Debería llamarte amor? A fin de cuentas eres abstracta, sin peso alguno en mi realidad. No perteneces a lo sucesivo y, sin embargo, le das forma a mis sensaciones. Imagino tus pasos, el olor de tu cuerpo desnudo en la penumbra perfuma mi silencio. Me tiendo en el vacío y siento como este brusco sentimiento me invade. Tu voz vibra como un lejano diapasón en la noche invisible. Es como si estuvieras grabadas en mis ensoñaciones y delirios, suspendida en una dimensión sin horas ni testigos. Te pienso y te extraño, encuentro tu ser a medianoche y me fundo en ti. Mi carne se hunde lentamente en la tuya y no hay límite ni frontera. Mis palabras acarician las tuyas. Somos tu y yo un sortilegio que atraviesa la realidad. No importa tu nombre, sé de memoria el color de tus ojos. Mi vida no incide en tu vida. Tu vida es gris, tienes un nombre y un oficio, tienes un hombrecito y él tiene un nombre y un oficio. Tienen su previsible amor y el deseo que se ha ido destiñendo y ahora es más obligación que placer, más costumbre que ganas. Tienen sus cuentas pendientes, sus discusiones, sus crisis, sus listas, pedos y mentiras. En la cama, aburrida, intentas conciliar el sueño. Tu perfecta vida es breve e insípida. Tiemblas al sentir que rozo tu cuello, que penetro tu ansiedad. Soy el sueño prohibido. Mis manos aferran tu carne, tus piernas se abren, me adentro en tu cuerpo y tu mente, mis labios te queman, mi lengua se hunde en tu culo, de tu boca entreabierta escapan quejidos. Tu hombrecillo ronca como una estúpida, risueña y pesada nada.
Qué triste que otra persona ya haya pensado antes lo que siento por vos.
Foto: Chris Catalina Convers.
jueves, 10 de enero de 2013
Una cosa a la vez
Algún día me haré entender
algún día llenaré vacíos,
algún día dejaré la doble cara
que hacia la derecha rechaza la banalidad con tanto ahínco
y hacia la izquierda pasa una hora completa lavándose el cabello.
Algún día leeré todos esos libros
algún día dejaré atrás la miopía
y me haré vieja por fin
algún día llenaré vacíos,
algún día dejaré la doble cara
que hacia la derecha rechaza la banalidad con tanto ahínco
y hacia la izquierda pasa una hora completa lavándose el cabello.
Algún día leeré todos esos libros
algún día dejaré atrás la miopía
y me haré vieja por fin
-es lo que todos esperan.
Algún día escribiré algo visceral
o una buena historia,
algún día recordaré empacar en mi bolsillo la mariposa
que pagaré al amor cuando me encuentre.
Es por eso,
sabe que no tengo plata.
Algún día llevaré a mi madre a Holanda,
así sea impulsada solamente con su esperanza
de que mi emergente profesión me hará rica.
Soy rica:
tengo papel, tinta...
no sé qué hacer con ellos,
pero mantienen la soledad a raya.
Creo que algún día a la soledad abrazaré;
por ahora tengo papel,
que me sirve para calmarme a la par que hago promesas.
Algún día dejaré de hacerme promesas,
pero una cosa a la vez.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Más
Más que pensar en la pobre originalidad que me queda,
más que pensar en todas esas palabras que aún no te digo,
más que los hechos que comienzan a hablar por mí misma,
más que mis manías ocultas bajo el colchón de mis convicciones,
más que el amor que le tengo a mi madre,
más que lo torpe de mis versos cuando se tratan de vos,
más que mis ganas desaforadas de conversar cada que apareces,
más que mis dolores de espalda,
más que tu forma de quererme atolondrada,
Atolondrado,
más que la rabia que se disimula con los besos
(que se calma)
más que mi religión -lo natural-
más que mi corazón difuminado,
más que mi risa que se escucha cuatro cuadras a la redonda,
más que brincar cuando me pican el costado,
más que mis experimentos,
más que mi deseo de largarme a beber vino, ver fútbol y comer carne,
más que ese tintineo molesto...
Cómo es posible que, más que a mis libros...¡yo te quiera tanto!
¿Qué puedo esperar cuando ya he roto mis propias reglas?
más que pensar en todas esas palabras que aún no te digo,
más que los hechos que comienzan a hablar por mí misma,
más que mis manías ocultas bajo el colchón de mis convicciones,
más que el amor que le tengo a mi madre,
más que lo torpe de mis versos cuando se tratan de vos,
más que mis ganas desaforadas de conversar cada que apareces,
más que mis dolores de espalda,
más que tu forma de quererme atolondrada,
Atolondrado,
más que la rabia que se disimula con los besos
(que se calma)
más que mi religión -lo natural-
más que mi corazón difuminado,
más que mi risa que se escucha cuatro cuadras a la redonda,
más que brincar cuando me pican el costado,
más que mis experimentos,
más que mi deseo de largarme a beber vino, ver fútbol y comer carne,
más que ese tintineo molesto...
Cómo es posible que, más que a mis libros...¡yo te quiera tanto!
¿Qué puedo esperar cuando ya he roto mis propias reglas?
lunes, 19 de noviembre de 2012
Versos estúpidos
"Te espero cuando miremos el cielo de noche.
Tú allá, yo aquí"
-Mario Benedetti.
brilla tu mirada titilante ante aquello que te emociona...
como ese lunar
que vigila las palabras que salen de tu boca,
así me miraba aquella noche celosa.
Sí, también te he observado,
he visto al niño que juega dentro,
he visto al hombre que imagina agravios;
pero no puedo ser yo quien abra tus ojos, amor mío,
si estás atrapado en una utopía estoica de amor subversivo.
Pero por supuesto, eso no lo sé,
solo lo imagino,
porque te quiero cerca,
quisiera que volvieras...
¿La razón?
Mientras para ella
eres un peripatético cielo lleno de estrellas,
para mí eres simplemente
mi amor natural.
Eras, simplemente, mi amor natural.
jueves, 15 de noviembre de 2012
Costumbre
¿Quién eres?
¿Aquella que me vigila al otro lado de la cama?
¿La que acaricia a mi amado con una daga afilada?
¡Qué engañosa se volvió tu piel encenizada!
Esa, por la que tantas veces él pasó sus manos, memorizando cada uno de sus pliegues...
¿Quién eres?
¿Ese drama de alquiler?
Con pedazos de personalidad hurtados
y algunos tratos maquiavélicos;
"no salgas más con ella",
el fin justifica los medios.
Ya lo sé:
eres quien promete rosas
y entrega capullos de espinas camufladas...
pero él prefiere recibir lo que parece
que arriesgarse a no obtener lo que acaece.
Descuida... ya le hablé.
No, no le prometí el cielo que no puedo darle;
no tuve, como tú,
el tiempo de repetir premisas falsas
hasta volverlas reales.
Le dije una mentira más astuta: que lo entendía.
Que se marchara porque al final,
con el tiempo yo también podría convertirme en costumbre.
¿Aquella que me vigila al otro lado de la cama?
¿La que acaricia a mi amado con una daga afilada?
¡Qué engañosa se volvió tu piel encenizada!
Esa, por la que tantas veces él pasó sus manos, memorizando cada uno de sus pliegues...
¿Quién eres?
¿Ese drama de alquiler?
Con pedazos de personalidad hurtados
y algunos tratos maquiavélicos;
"no salgas más con ella",
el fin justifica los medios.
Ya lo sé:
eres quien promete rosas
y entrega capullos de espinas camufladas...
pero él prefiere recibir lo que parece
que arriesgarse a no obtener lo que acaece.
Descuida... ya le hablé.
No, no le prometí el cielo que no puedo darle;
no tuve, como tú,
el tiempo de repetir premisas falsas
hasta volverlas reales.
Le dije una mentira más astuta: que lo entendía.
Que se marchara porque al final,
con el tiempo yo también podría convertirme en costumbre.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Existir
Acaecer
Convertirse
Llegar a ser...
Sos ya en mis letras.
En mí.
Como la naturaleza que resulta quererte.
¡Cómo la pavada que es quererte!
Los absurdos de besarte,
el palíndromo de dejarte,
la sinalefa ansiosa de tocarte
y los versos que golpean las paredes de mi estómago,
desviviendo por salir y gritarte.
Existís,
y me pica la existencia cuando sonreís...
me gustaría que tu sonrisa no existiera
o que volviera...
es igual.
Me gustaría que tú, por voluntad cualquiera
quisieras existir en mí.
Convertirse
Llegar a ser...
Sos ya en mis letras.
En mí.
Como la naturaleza que resulta quererte.
¡Cómo la pavada que es quererte!
Los absurdos de besarte,
el palíndromo de dejarte,
la sinalefa ansiosa de tocarte
y los versos que golpean las paredes de mi estómago,
desviviendo por salir y gritarte.
Existís,
y me pica la existencia cuando sonreís...
me gustaría que tu sonrisa no existiera
o que volviera...
es igual.
Me gustaría que tú, por voluntad cualquiera
quisieras existir en mí.
lunes, 15 de octubre de 2012
Natalia y Juan Manuel.
...aunque solo uno fuera.
Ella tenía el cabello acartonado, a él se le enredaban los sueños en la cabeza, pero no las peinillas... a pesar de que su cabello se alzaba como llamas. Aunque era negro azabache.
"Sonrisitas", le llamaba ella en sueños. Él siempre aparecía. La besaba y se iba para clase. Natalia era callada...a veces. Se reía mucho...a veces, con él. Revelaba su interior...a veces. Era frívola...a veces. No era coherente...a veces. Leía siempre, escuchaba siempre, observaba siempre (pero en la invisibilidad). Iba a los restos de los cineclubes de la Medellín de los 80 cada viernes... o lo quería. Era celosa...a veces. Mentira, solamente con la novia de Juan Manuel.
Él era su medida perfecta. De defectos, de causas perdidas (como la ortografía deficiente y el no saber bailar) y de camaradería. Camaradería, ¡qué lástima!
Conversaban mucho. Natalia y Juan Manuel se miraban a ratos con sus inquietos dos pares de ojos sensualmente cafés.
-Yo lo quiero a usted, pero usted quiere a otra. Yo lo quiero a usted, esa es la cosa, y usted dirá.
(Foto: Laura Bayer Yepes).
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