Me gusta el olor a lluvia,
porque nada huele como ella,
y si ella no huele como nada,
entonces la lluvia no huele a nada.
Es como decir
que se siente como agua mojada.
Es como vos,
que no sabés a nada,
que sos simplón
y tu vibra es rara...
Sí, una vida extraña
que ni con el pasar del tiempo
deja de volverme loca,
deja de atraerme con misterios.
Te siento y tu tacto me embriaga,
aunque me puncés la piel con tus lágrimas...
son sólo caricias letales
que acompañan mi alma.
Pues eso.
Ahora pienso
y... ¡es una suerte que seás un nada!
Si fueras un algo,
sabrías a algo,
me harías sentir algo
y yo ya no sería más un algo.
Donde fueras un algo
yo no te estuviera escribiendo estos,
tan ridículos, versos.
No.
Quedate en la nada,
que me sabe más rica que el desamor.
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