("Dolor exquisito", Sophie Calle).
Creeme que es grandioso ver
cómo tu verdadera personalidad
aflora en circunstancias precarias.
Ahora quieres ser tú mismo,
quieres responder cada cosa que yo diga,
aunque tus palabras
se tornen como dagas;
ya no callas,
ahora que tienes que callar.
¿Qué quieres que diga?,
te retorno la pregunta.
¿Que me estoy muriendo,
que mi vida es miserable sin ti?
¡Ding, ding, ding, ding, ding!
Por mí misma, ¡NO!
Dejame creer por un momento
que no eras nadie antes de quererme,
a ver si así olvido el dolor
que me propinaste
al entregarme un corazón
que ya tenía otro dueño.
Calla que te echo la culpa
porque también tengo una parte cobarde,
que necesita acorazarse
cuando la rompen.
Andate callado,
porque a diferencia de tu amor,
el dolor a cuentagotas no voy a tragármelo...
Dejame pensar
que algún día me vas a extrañar,
aunque ya no sea nada
y me haya vuelto la frivolidad en pasta;
quiero creer que no es así.
Calla cuando tienes que callar.
15 teléfonos rojos después.

No hay comentarios:
Publicar un comentario