quiero que se marchen mis noches en vela,
quiero que se marchen los nudos de mis hombros,
quiero que se marchen mis problemas de colon,
quiero que se marche mi miopía,
que se vayan las miradas impías,
quiero que se marche mi hernia discal,
que pare de salirme acné facial.
Quiero que se marchen las llagas de mi boca,
mis ganas de fumar, mi alergia,
que dejen de inconarse mis orejas
y algún día curarme de la sordera.
Quiero que se marche el mugre de mis uñas,
que deje de encorvarse mi columna,
quiero que se marche la acidez de mi garganta,
que se vaya ese aliento que espanta;
que mis senos dejen de colgarse
y sobre todo, que pueda dejar de mirarte.
Quiero que se marche mi obesidad,
que la celulitis se haya ido para Navidad,
y pueda devolverte el favor por fin:
dejarte de pensar,
dejarte de escribir.
Lady LeBlanc, 24 teléfonos rojos y 3 cigarrillos más tarde.
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